Conmemorando la vida de quienes ya partieron

(English below)

El Instituto de México en Costa Rica programa actividades para compartir la celebración del Día de Muertos que nos permiten conocer un pco más sobre las tradiciones que giran a su alrededor. Este año no fue la excepción, quienes asistimos a la charla del 1 de noviembre, pudimos aprender un poco más de la mano del Dr Luis Miguel Morayta, uno de los investigadores, con gran trayectoria, de INAH.

La celebración del día de muertos, según la tradición mexicana, conmemora la vida de aquellos que ya no están con nosotros. Aunque hay detalles que varían de pueblo en pueblo, la base es común. Las ofrendas que se colocan en los altares de cada casa invitan a los difuntos a visitarlos y a estar una noche más juntos. Se comparte comida y recuerdos, reforzando los lazos entre los que aún “están aquí”.

Es una conmemoración que no se circunscribe a un solo día y cuyo rito varía según la forma en que murió la persona, su edad y cuánto tiempo ha pasado desde su muerte. Si tuvo una muerte violenta, el altar con sus ofrendas se monta el 28 de octubre, se coloca fuera de la casa, para recibir al alma visitante pero sin dejarla entrar y que así no lleve la violencia de su muerte a los vivos — al menos por unos años, mientras se “calma”.

La noche del 31 de octubre se reciben las visitas de quienes “murieron en gracia”, aquellos que no se casaron; al día siguiente, el 1 de noviembre, se llevan las ofrendas al cementerio, para compartir la comida con ellos y despedirse hasta el año siguiente.

El 1 de noviembre, corresponde recibir la visita de aquellos que murieron ya adultos, pero de forma “natural” y el 2 se comparte, con ellos, el día en el cementerio. 

2016-11-dia-de-muertos-01Los altares pueden ser familiares o comunales, en ellos son colocadas las fotos de los difuntos, sus comidas y bebidas preferidas, cosas relacionadas con lo que les gustaba y con lo que hacían en vida: su trabajo, su día a día, lo que disfrutaban. Cada objeto tiene un lugar designado… No puede faltar el papel picado, el pan de muerto, las calacas y los símbolos religiosos.

Cuando los altares son construidos por el pueblo, las fotografías que se colocan tienen tamaños diferentes. La más grande corresponde a quien, en vida, trabajó más por la comunidad.

La comida, no solo para los muertos, sino también para los vivos que llegan de visita o a llevar ofrendas para el altar, no puede faltar. La familia anfitriona debe tener algo para compartir, aunque sea un pan y un café, dar comida es parte de la tradición de hospitalidad.

Los altares y las ofrendas no solo se disponen para los familiares o seres queridos, hay algunos que incluyen un espacio para las almas solas, esas almas que ya no tienen alguien en la tierra que les espere.

¿Y si alguien decide no hacer un altar, no ser parte de la tradición? El pueblo, la comunidad, atestiguará el paso de almas que, al final de la noche, regresan tristes a su lugar de descanso, lamentándose porque sus sus seres queridos no las esperaron. 

A tradition to commemorate the life of those not around us anymore

The Institute of Mexico in Costa Rica commemorates the Day of the Deads with activities that let us learn a little more about this tradition. This year we could attend a conference on November 1st, where Dr Luis Miguel Morayta — a researcher from the INAH, with a great trajectory  though us some of the customs.

The Day of the Deads celebration, according to the Mexican tradition, commemorates the life of those that are not around us anymore. Some details vary among the communities, but the base is common. The offerings that are placed at the altars, built in each house, invite the deads to visit us and to spend one more night together. Food and memories are shared, strengthen the bonds among the ones still here.

It is a commemoration that is not limited to a single day, the rite changes according to how the person died, the age and how much time has passed since her/his death. If the person died violently, the altar with its offerings is built on October 28th, it is placed outside of the house, the deads are not received in the house, so the violence is not carried inside — that would happen for few years, until the soul is “calmed”.

On October 31st those who “died in grace” — never got married — are received; the next day, on November 1st, the offerings are taken to the cementery to share the food with the deceased and say good bye until the next year.

On November 1st is the night to receive the visit of those who died as adults, but on a “natural” way, and on the 2nd the day is spent with them at the cementery.

The altars can be built by families or by communities, on them people would place the 2016-11-dia-de-muertos-01pictures of the deads, their favorite food and drinks, things related to what they liked and to what they used to do: their job, their day to day, what they used to enjoy. Each object has a designated place… The cut paper, the bread of dead, the “calacas” (skulls) and religious symbols could not be missed.

When the altars are built by the entire town, the photographies placed vary in size. The biggest one corresponds to the person who did more for the community.

The food, not only for the deads, but also for the people that visit the family to bring offerings for the altar is a must. The hosting family should have something to share, could be as simple as a cup of coffee and a piece of bread, giving food is part of the hospitality.

The altars and the offerings are not only for the family, for the loved ones; there are some with a space for the “lonely souls”, those souls that do not have someone waiting for them.

And what about if a family does not build the altar, does not want to continue with the tradition? The town, the community, will see very sad souls walking back to their resting place, lamenting not being invited by their loved ones.

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