Amor por los libros

Suelo leer las noticias en Twitter, una forma rápida y condensada para darme una idea acerca  de qué puede estar sucediendo en el mundo.

En algunas de las cuentas de noticias que leo, suelo encontrar ensayos, editoriales o notas con las que me identifico, esta vez fue en La Nación de Argentina, una nota escrita por Ariel Torres: “Ni en un millón de pendrives”.

Leerla fue como verme reflejada en casi todo el artículo. Me topé con 2 frases con las que me identifiqué en forma muy especial:

  • “Los lectores no sólo amamos el libro, sino también las bibliotecas”. Mirar una fotografía o estar en la puerta de una biblioteca es una sensación sobrecogedora. Es como ser transportada directo al cielo en un instante. (También amo las buenas librerías ¡y pueden ser mi perdición económica!).
  • “…comencé así a sentir esa pena que todo lector lleva adentro, la de que no existe posibilidad alguna de leerlo todo”. Yo también la siento, pero aún así no dejo de comprar libros, es un impulso incontrolable, tampoco lo combato.

El acceso a libros y, en general, a escritos electrónicos es una de las grandes cosas que agradezco a la tecnología (Internet incluida). Da acceso inmediato – o casi inmediato – a conocimiento y a visiones del mundo que de otra forma no tendría a mi alcance. Y más allá, elimina las barreras físicas de la cantidad de copias disponibles en un lugar: más personas pueden leer lo mismo, al mismo tiempo y con una mayor libertad de ubicación.

Recuerdo mis primeras interacciones con Internet a inicios de los 90 en la universidad – un privilegio, en esa época estaba en ciernes y muy pocos teníamos esa dicha. Mis trabajos de investigación empezaron a basarse en materiales con menos de 2 meses de publicación y escritos por personas de tantas zonas geográficas que las referencias bibliográficas parecían inventadas; antes de eso, por la limitaciones de la biblioteca, todas las fechas en las referencias eran de no menos de 10 años atrás y cabían en media página o menos.

Descubrí un mundo que me empezó a quitar el aliento, ¡pero no el amor por los libros tal y como siempre los había conocido! Amo los libros, amo su olor a papel, amo dar vuelta a la página y continuar inmersa en un mar de palabras que me mantiene atrapada; los sigo comprando aunque no tenga idea cuándo los leeré, los acumulo y no concibo una casa sin un espacio especial dedicado a ellos (aunque tristemente sé que las hay), a donde vaya al menos un libro me acompaña.

Es bueno saber que aún quedamos varios de esta especie en el mundo.

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